Serie B
Nunca Estamos Solos
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(noviembre 30, 2007)
Para algunos teóricos el rasgo distintivo del cine de terror es la subversión de la normalidad, la presencia de algo monstruoso que rompe con las reglas de la vida cotidiana, generando una sensación de ansiedad y repulsión. La primera escena de Nunca Estamos Solos es un ejemplo perfecto de esto: aparece una mujer sentada frente a una máquina de coser, reparando una prenda, y cuando la levanta el espectador nota que se trata de dos vestiditos unidos por el torso, mientras a pocos metros de ahí dos gemelas siamesas comparten una cuna.
Teaser de Nunca Estamos Solos
El resto de la película cae un poco en la rutina, en particular en el abuso de las tomas subjetivas y los ruidos súbitos, impresión que se acentúa cuando uno ya conoce el trabajo anterior de los tailandeses Banjong Pisanthanakun y Parkpoom Wongpoom, creadores de Están Entre Nosotros (Shutter), cinta que se estrenó en México el año pasado. Por su temática y su estilo visual Nunca Estamos Solos recuerda además a la sudcoreana Los Poseídos (desafortunado título mexicano de A Tale of Two Sisters), por lo que aquellos seguidores del terror oriental que hayan disfrutado estas dos cintas encontrarán pocas novedades en este nuevo trabajo. No obstante, se trata de una película entretenida y que en varias ocasiones sacude al espectador, factor que me parece se le puede atribuir a la falta de complejos de los orientales para filmar cuentos de fantasmas.
Si a los cineastas gringos especializados en el género les pesa demasiado la tradición, viéndose forzados a rendir tributo a sus antecesores (El Títere) o tratar de renovar a personajes ya muy explotados (Halloween el Inicio), todo ello con un sentido irónico que sabotea el miedo, sus colegas japoneses, coreanos y tailandeses siguen cultivando los relatos sobrenaturales con la misma seriedad de siempre, aunque en su iconografía comience a repetirse en exceso la figura del espectro femenino que regresa del más allá para cobrar venganza. Nunca Estamos Solos no es la excepción. A pesar de que la premisa de la mujer atormentada por su gemela difunta se presta a ocasionales incursiones en el terreno del horror biológico, en algo que puede interpretarse como una referencia a la obra de David Cronenberg, el guión nunca pretende alejarse del estilo impuesto por Ringu y Ju-On. La aptitud de los directores para moverse dentro de estos linderos la convierte en una apuesta segura para llevar la novia esperando que ella termine sentada en el regazo de uno y sin embargo uno con ganas de un argumento más original.
La incomodidad que, quiérase o no, se siente ante un cuerpo deforme pudo haber llevado a Nunca Estamos Solos a situaciones más cercanas a otras vertientes del horror, como las del ya mencionado Cronenberg o la que ha construido Clive Barker en sus novelas y relatos. En su lugar tenemos lo de costumbre en el cine oriental de aparecidos: una gran cantidad de tomas subjetivas para obligar al espectador a identificarse con el personaje y que casi siempre anuncian la aparición de algún espectro malhumorado. A lo largo de la película conté más de treinta instancias donde la cámara adopta el punto de vista de los protagonistas. En ocasiones éstas eran ingeniosas, como el momento en que Vee nota algo extraño tras un biombo, pero en su mayor parte sirven más bien para prevenir al público de que algo horrible está por suceder. Ahora que si uno aparta la vista de la pantalla durante estas escenas, ya sea por una distracción o simplemente por miedoso, de todos modos se corre el riesgo de llevarse un buen susto, debido a los estruendosos acordes que subrayan cada imagen chocante.
Trailer de Nunca Estamos Solos
con subtítulos en inglés
La película, eso sí, está muy bien hecha. Con pocos recursos Banjong Pisanthanakun y Parkpoom Wongpoom ofrecen una fábula de fantasmas inquietante pese a su escasa originalidad, con sólidas actuaciones de Masha Wattanapanitch y Vittaya Wasukraipaisan en los papeles principales y con mención especial para el fotógrafo Niramon Ross, quien consigue estampas de una gran belleza (cuando Vee se asoma por la ventana y mira a Pim frente al mar) y además le imprime a los numerosos flashbacks un sentido meloso que va tornándose perturbador conforme avanza la cinta. El buen trabajo de Ross hace que uno se olvide que estos recuerdos son abundantes porque la trama principal es un tanto macilenta. El número reducido de actores y de locaciones a veces lleva a los directores a repetir ciertas escenas, mientras el público se pregunta por qué Pim no se va a un hotel para estar más tranquila, y es sólo gracias a la calidad de los efectos visuales y de sonido que uno se olvida de estos detalles para concentrarse en apretar el esfínter a fin de evitar un accidente. Si de plano son muy asustadizos mejor pónganse pañal.
