Serie B
Cloverfield
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(febrero 7, 2008)
Un híbrido de la Bruja de Blair y Godzilla. Eso sirve para describir la película y también para saber las posibilidades que uno tiene de disfrutarla. Si, como yo, piensan que El Proyecto de la Bruja de Blair es una porquería que no asusta ni a un niño de tres años entonces van a tener una reacción similar con Cloverfield, aunque debo reconocer que esta última tiene algunos buenos momentos. En cambio, si creen que se trata de la cinta de terror más innovadora de la historia (seguramente porque no conocen Holocausto Caníbal) lo más probable es que salgan de las funciones de Cloverfield con los ojos en blanco y los pantalones mengambreados.

Michael Stahl-David, Lizzy Caplan y Jessica Lucas en Cloverfield
Mi decepción se debe a que el kaiju eiga (películas de monstruos gigantes) ha sido uno de mis géneros favoritos desde que era niño y descubrí a Godzilla gracias al Cinito del Tío Gamboín. La contribución de Cloverfield a esa estirpe me parece bastante pobre, más adecuada como extra de algún DVD que como una cinta independiente. Quitando los efectos especiales y algunas escenas aisladas que se adaptan bien a la decisión de narrar toda la historia a través de la lente de una cámara de video, el resto es un amasijo de malas actuaciones, diálogos acartonados, giros en la trama que sabotean la ilusión de realidad y la sensación constante de que los realizadores están dando largas porque no tienen claro a dónde quieren llegar. Entiendo que esto último es una característica del trabajo televisivo del productor J.J. Abrams, no puedo afirmarlo porque nunca he visto Lost (ni me interesa, evítenme la pena de ignorar sus mails).
Lo mejor sin duda son los efectos especiales, los del monstruo descomunal que ataca Nueva York, que no es ni Godzilla ni Reptilicus ni Gamera ni Cthulhu sino todo lo contrario, pero sobre todo los de los parásitos que se desprenden de su cuerpo y se convierten en una grave amenaza para los neoyorkinos que suponen que escondiéndose bajo tierra estarán a salvo. Aquí es donde el estilo visual de la película mejor encaja con lo que se está contando. Al limitar las apariciones del monstruo a lo que una persona común y corriente podría observar en el lugar de los protagonistas se obtiene un efecto opuesto al de las últimas películas de Godzilla, donde la familiaridad impedía generar una atmósfera de miedo. Esta restricción tiene la ventaja adicional de abaratar el costo de la producción, con un presupuesto bajo para lo que se acostumbra en Hollywood (unos 25 millones de dólares) se le puede dar forma a un aceptable espectáculo de ciencia ficción, algo que sería imposible con un método narrativo tradicional.
Algo que también sirve para ahorrar dinero es llenar el elenco de ilustres desconocidos. Además le da mayor credibilidad a la historia, sería imposible creer que estamos presenciando algo real con Tom Cruise y Dakota Fanning en los papeles principales (uno de los errores que cometió Spielberg en La Guerra de los Mundos). El problema es que los actores seleccionados para ser nuestros guías a través del caos de Cloverfield son tan odiosos que uno se pasa media película deseando que el monstruo los pise. Esto hace que los primeros quince minutos, que corresponden a la presentación de los personajes, sean una prueba de resistencia. El guión de Drew Goddard erróneamente supone que el espectador se va a preocupar por los problemas personales de Rob (who cares?), su hermano Jason (likewise), su mejor amigo Hud (some loser) y sus compañeras, incluyendo a Marlena (some slut), una chica por la que Hud se siente atraído. Ninguno es interesante, simpático o inteligente. Cuando deben recorrer un túnel y notan que las ratas están huyendo de algo siguen caminando tan tranquilos, cuando encuentran a una persona herida e inconsciente nunca se les ocurre revisarle el pulso: para averiguar si está viva le preguntan "Can you hear me?", y así por el estilo. Morons, one and all.

Lizzy Caplan en Cloverfield
Los responsables de Cloverfield se esfuerzan tanto en sostener la ilusión de la cámara, enfatizando la confusión que un ataque semejante causaría en Nueva York, que resulta muy difícil de entender por qué dan marcha atrás con personajes estereotipados y con un final manipulador, tan cursi y falso que hasta parece una sátira del típico desenlace de las películas de ciencia ficción. Si no les importaba recurrir a trucos baratos para conmover al respetable, ¿por qué la insistencia en contar la historia desde el punto de vista de unos personajes tan insípidos en lugar de alternarlo con lo que registraron otras cámaras (de televisión, de los mismos soldados)? Sería poco original pero haría de Cloverfield algo más entretenido. Podría objetarse que combinar imágenes provenientes de varias fuentes presenta una serie de problemas: ¿quién las recopiló y editó?, ¿con qué fin?, ¿solamente cámaras de video o también otro tipo de documentos?, etc. A esto yo respondería que tal como está filmada Cloverfield ya despierta varias dudas: ¿de qué está hecha la cámara de Rob para resistir a todo eso?, ¿cómo puede grabar el sonido con tanta fidelidad?, ¿por qué Hud no la suelta ni siquiera cuando su vida está en peligro?, ¿a quién le importan los líos sentimentales de estos niños ricos?, entre muchas otras.
El mayor enigma de Cloverfield no es el origen del monstruo sino la decisión de los productores de lanzar con bombo y platillo una película con defectos tan evidentes. Lo que es peor, el director Matt Reeves ha sugerido en algunas entrevistas que la secuela, prevista para el año siguiente, contará el mismo suceso desde otra perspectiva. En ese caso, ¿por qué no seleccionar el mejor material de ambas cintas e integrarlo en una sola?
Trailer de Cloverfield:
Sitio Oficial:
www.cloverfieldmovie.com
