Serie B
La Víctima
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(abril 8, 2008)
Cuando un género empieza a agotarse hay dos opciones: parodiarlo, que es lo más común, o reinventarlo, que es lo más difícil. La Víctima trata de hacer ambas cosas y como es de esperarse se queda a la mitad del camino. Las ambiciones del director, productor, guionista y editor Monthon Arayangkoon llegan a la pantalla sólo esporádicamente, en su mayor parte La Víctima es un convencional relato de fantasmas vengativos con un par de detalles curiosos. Su principal atractivo es una estructura narrativa que primero hace alusión a los clichés del género y luego intenta superarlos.

Pitnachart Sakakorn en La Víctima
En un breve prólogo aparece la heroína Ting (Pitnachart Sakakorn) en una clase de actuación donde la maestra les recuerda a sus alumnos que deben estudiar su papel hasta obtener una total identificación con su personaje. Es obvio que esta será la clave para resolver el misterio principal de la película y su falta de sutileza anuncia las características de este cuento de fantasmas, al menos en su primera mitad. El director no se preocupa demasiado por establecer una atmósfera de miedo, se limita a seguir el esquema de los fantasmas orientales sin mucha imaginación. Ting es seleccionada para interpretar a la víctima en las recreaciones que la policía tailandesa hace de los crímenes sin resolver y de inmediato hacen acto de presencia los espíritus de los difuntos, con los clásicos efectos de sonido para sobresaltar al espectador.
Además hay rasgos de humor que impiden que uno se tome las cosas en serio. A Ting la reclutan porque los actores que la precedieron eran incapaces de aguantarse la risa, se dejaban llevar por el entusiasmo o se robaban lo que podían. Un oportuno noticiero, de esos que nunca faltan en las películas mediocres, nos informa que la policía supo de la muerte de una reina de belleza local gracias a un fantasma. En seguida hay un flashback donde un asustadizo gendarme revisa el departamento donde la difunta denuncia su propio asesinato y su histérica reacción indica que esto más que cine de terror es una pachanga. La actriz principal se une al ambiente chacotero, dándole a Ting rasgos de ingenuidad que hacen a la película entretenida aunque le falte intensidad para competir con otras producciones tailandesas de horror como Están Entre Nosotros (Shutter) o Nunca Estamos Solos.
En Los Que No Se Pueden Ver (The Unseeable), que se estrenó en México hace algunas semanas, el director Wisit Sasanatieng también retomó una historia de fantasmas sin mucho chiste pero le supo dar un estilo particular enfatizando sus temas favoritos, los que ha explorado en cintas como Tears of the Black Tiger y Citizen Dog. Dejando a un lado las venganzas de ultratumba, Sasanatieng se concentró en el romance, la música, los aspectos folklóricos, las costumbres del campo y la ciudad. Monthon Arayangkoon optó por el humor para darle una personalidad propia a La Víctima. No obstante, éste no deja de ser un elemento menor en su película, el resto está dedicado a un caso más bien rutinario de una persona que regresa del más allá para exigir que se haga justicia, con escenas de sobra (la visita a la médium), personajes esquemáticos (el teniente buena onda) y sustos que ya hemos visto en otras cintas orientales (Ju On, Ringu, Una Llamada Perdida...).

Pitnachart Sakakorn en La Víctima
Cuando el espectador ya se resignó a que La Víctima no tendrá nada qué ofrecer el director le mueve el tapete y se pone posmoderno. Hay un giro donde aprendemos que no todo es lo que parece y que algunas de las características menos afortunadas de la cinta eran a propósito, admitiendo que el guión incurría en los lugares comunes del género. Aquí es donde La Víctima debería adoptar otro tono, dejar atrás la sátira y enseñarnos cómo se cuenta una historia de fantasmas que sí asuste. Pitnachart Sakakorn así lo entiende, cambia de personalidad y se dispone a ser una heroína más decidida. Asimismo, el director omite los chistes y quiere imprimirle al relato una intensidad que hasta entonces no tenía. Lo malo es que la principal diferencia entre ambas secciones es que la segunda mitad ostenta efectos por computadora no muy logrados. El guión sigue siendo simple, con personajes indefinidos, sustos poco elaborados, una banda sonora saturada de efectos macabros (viento, aullidos, cantos siniestros) y con un enigma que se resuelve en cinco minutos.
Tal vez esto funcionaría si Monthon Arayangkoon hubiese filmado la segunda parte con un estilo más realista, pidiéndole al fotógrafo otra textura o mezclando los dos planos narrativos en lugar de hacer borrón y cuenta nueva a media película. En el sitio oficial el director nos quiere espantar con el petate del muerto, repitiendo que varias escenas de La Víctima se rodaron en hospitales y casas abandonadas donde se cometieron crímenes reales, recreando algunos de sus detalles. También se incluyen anécdotas sobre supuestos hechos inexplicables durante la filmación (sin aportar pruebas, por supuesto) y entrevistas donde las actrices mencionan la mala vibra que prevalecía en el set. Hubiera sido mejor que Arayangkoon se dejara de cuentos y desarrollara sus ideas. En los frecuentes desmayos de May y la identidad del fantasma hay material suficiente para una historia de terror que no repita lo que ya hicieron otros.
Trailer de La Víctima:
