Serie B
El Sótano
Por: Marco González Ambriz
(marco@profilmico.com)
(abril 15, 2008)
Este tonto thriller adquirió notoriedad en Estados Unidos por una campaña publicitaria donde aparecía la actriz Elisha Cuthbert enjaulada, lo que por supuesto colocó a los productores en la mira de las feminazis. Ya se sabe que en estas cuestiones a los gringos hasta lo que no comen les hace daño. Para ser tachado de racista o misógino por las huestes políticamente correctas de ese país no hacen falta pruebas, una ligera sospecha basta y sobra. Así tendrán la conciencia. El escandalito sólo sirvió para hacerle promoción gratuita a una película incoherente y aburrida.

Elisha Cuthbert en El Sótano
El Sótano es tan sólo la enésima reiteración de la fábula de la persona que es sorprendida por un maniático, transportada a un lugar aislado mientras la policía está papando moscas y que gracias a su ingenio le voltea la tortilla al maloso en los últimos diez minutos de proyección. En los últimos meses este mismo argumento ya fue usado en cintas como Catacumbas (con mi novia Shannyn Sossamon), Hotel Sin Salida, La Presa y El Nivel del Pánico. Es un subgénero tan manoseado que para sacar la nota los críticos no tienen más remedio que ponderar, también por enésima vez, los efectos de la violencia cinematográfica en el espectador y lo que esto dice sobre la sociedad contemporánea.
A estas triviales reflexiones se debe responder con un sonoro bostezo. Hace treinta años, cuando Viernes 13 popularizó el slasher, los críticos también se rasgaron las vestiduras y anunciaron el colapso inminente de la civilización occidental. Tuvo que llegar la feminista Carol Clover para refutar estos argumentos en su libro Men, Women and Chainsaws. El debate actual sobre lo que algunos llaman torture porn, donde destacan Hostal y Juego Macabro, es como el remake de las discusiones que los fanáticos del terror presenciamos hace un par de décadas. Los que sean un poco más jóvenes recordarán algo similar con la supuesta conexión entre el tiroteo de Columbine y la música de Marilyn Manson.
Pura baba de perico de un puñado de alarmistas imbéciles que nunca aprendieron que la correlación no implica causación. Para los que reprobaron lógica en la prepa esto quiere decir que una coincidencia entre dos cosas no significa que una sea la causa de la otra. Lo más absurdo de todo esto es que se trata de un escándalo prefabricado. En primera instancia El Sótano era un thriller donde el guionista Larry Cohen regresaba al tema de su exitosa Enlace Mortal, sólo que con Elisha Cuthbert reemplazando a Colin Farrell y un calabozo subterráneo en lugar de una cabina telefónica. El resultado fue tan mediocre que los productores le quitaron varias escenas donde un par de detectives le seguían la pista al asesino y las cambiaron por sanguinolentas secuencias de tortura. Los críticos cayeron en la trampa y le hicieron publicidad a un intrascendente bodrio de asesinos seriales.

Daniel Gillies en El Sótano
Hay que aclarar que circulan dos versiones diferentes de esta película. Una es la que se ajusta a los planes originales del guionista y otra es la que ordenaron los productores para atraer morbosos. Antes de se estrenara en México compré una copia de la versión original, porque me interesaba más conocer las intenciones de Larry Cohen que las absurdas secuencias gore (en una de ellas la heroína es forzada a beber un licuado de restos humanos), y por lo tanto no sé cuál de las dos se exhibe ahora en salas. Tampoco pienso gastarme otros cincuenta pesos para averiguarlo. En cualquier caso dudo mucho que unas cuantas escenas sangrientas puedan mejorar un guión tan flojo, donde la heroína es tan estúpida que nunca sospecha lo que cualquier espectador atento percibe al instante (las cámaras que la vigilan en todo momento, por ejemplo).
Es una película de suspenso sin suspenso, porque cada giro de la trama está telegrafiado. El asesino sale siempre con guantes o capucha, hasta cuando está solo, y es obvio que esto es un burdo truco del guionista para ocultar su identidad. El reducido elenco le echa a perder la sorpresa. Cuando sólo hay cinco personajes en total y tres están descartados de antemano (la heroína y los dos policías) no cuesta ningún trabajo adivinar quién es el culpable. El ingenio que Cohen exhibió en Enlace Mortal y la mensa pero divertida Celular está ausente de El Sótano. Es un tedioso desfile de lugares comunes, poblado por estereotipos, sin sentido del humor, imaginación o entusiasmo, apenas un pretexto para sacar a Elisha Cuthbert en minifalda. Es una idiotez donde una modelo famosa es encerrada en un sótano oscuro y reacciona como si estuviera de vacaciones con su galán. Señalar esta ínfima burrada como un síntoma de una cultura enferma es concederle demasiada importancia.
Trailer de El Sótano:
